siempre la conciencia intenta vencerme:
siento sus indagaciones,
sus reclamos y reproches;
es porfiada y reniega de mis pasos.
como una hormiga accediendo a su hogar subterráneo
las ideas tratan de invadir nuestras venas viole-n-tas.
me acuerdo de aquel martes insoportablemente otoñal
(hermoso, triste, complaciente)
el ronroneo de Isabella acuñó
los primeros rayos de sol que ingresaron al patio trasero;
en efecto, mi cerebro me sedujo con Troilo
(apareció, con su bandoneón, y mi tráquea se durmió)
uno se mueve tratando de alejarse de los beneficios naturales
que el patriarcado le ha otorgado:
uno intenta esquivar las vidrieras doradas,
las pantallas gigantes colmadas de fálicos anuncios
publicitarios,
la basura esotérica de la comunicación,
las barbaries de la civilización;
uno aborrece al capitalismo, al sistema,
al odio promovido, al miedo instaurado.
uno vive acá, trata de esquivar los martirios del reloj,
decepción tras decepción.
la cabeza, sutil y torpe,
nos lleva a la contradicción inevitable de pensar
tanto pensar enferma
desordena y lastima;
tanto pensar para no fracasar nos convierte en fracaso
pensar tanto para vivir dentro
y nunca estar fuera;
repensarlo, contradecirlo mil veces,
olvidarlo e inventarlo.
¡drogadictxs! ¡todxs ustedes!
siento que tengo mucho para decir
y entiendo que al final no digo nada
(ni nada hago)
vuelvo a pensar -
contradigo ese pensamiento
(suena de fondo, 1am, She’s
A Sensation)
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