Dentro de 1000 años Córdoba, la gringa Córdoba pampeana donde vivo (o donde muero), será un desierto. Quizás antes, quizás no hagan falta 1000 años. Pero sí, estoy convencido: será un desierto. El nuevo Sahara iluminará las fauces terrestres de esta parte de la tierra. Los bosques y sus aves silvestres ya no serán; los montes con sus gatos monteses y pumas ya no serán; la tierra fértil y sabia que todo lo dá (sin nada pedir a cambio) ya tampoco, ya tampoco será.
Arena que viaja en el Tiempo Eterno será esta tierra, viento huracanado, calor infernal. La Córdoba gringa ya no necesitará policías ni códigos de faltas ni represión ni Monsanto ni transgénicos (ya habrán encontrado otro lugar más propicio para desertificar (si es que queda algún “propicio lugar” dentro de mil años)). Seremos un espejismo de lo que alguna vez fue verde, vida, luz y prosperidad. Las sierras y valles donde hoy se bañan hordas de turistas porteños, ardidas por el fuego, ennegrecidas por el hollín de la desidia y la vergüenza, serán el perfecto cementerio de lo que alguna vez fue.
No más ríos sin contaminar, no más árboles que talar, no más campesinos que desalojar. ¿Y qué importa si nosotrxs ya no vamos a estar? ¿Vale la pena decir algo? ¿Algún grito de rabia o esbozo de dignidad? No se preocupen humanos y humanas del hipervínculo. Ya está hecho y así será: desierto, desierto, desierto.