No pudo dormir más
desde que el calor invadió su hogar
acostumbrado al aire acondicionado.
Una vez que el sistema colapsó,
gracias al sol enfurecido, y acabó con la energía eléctrica,
no consiguió tener sueños mojados por
la noche.
Odioso no paraba de putear:
“Éste calor, ¿hasta cuándo?”
- Hasta que
tu pensamiento
no se engomine más – pensaba yo,
con el zócalo colorido de abajo
que indica: ¡alerta naranja!
“¡Qué calor! ¡Insoportable!”
- Insoportable soportar los balbuceos
que proclaman ¡tanto calor!
Malestar por el calor re-transmitido,
por los mosquitos que ya no mueren con
el Raid;
y los cascarudos que mean con más
olor;
y las cervezas que se calientan con
facilidad.
Desértico pueblo arrasado por la
gringa avaricia
que acapara el pan en sus silos iluminados por la navidad;
silos que durante la noche gritan y
maúllan,
yo los oigo cuando estoy acostado
y me asustan:
(casi siempre tengo miedo).
(casi siempre tengo miedo).
Se cae el pelo de cientos
sin preguntas:
sólo llantos.
Maldito respeto al Gran Señor.
Él, él sabe que puede (del verbo poder)
y no leyó a Foucault.
Fue magnate de la soja
y la sangre (nada más (y nada menos)).
No se dio cuenta de vender pelucas,
se le escapó ese negociado.
¡Cuánto calor, la puta madre!
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