jueves, 26 de marzo de 2015

no hay más pelos en la cabeza de mi vecino



No pudo dormir más
desde que el calor invadió su hogar acostumbrado al aire acondicionado.
Una vez que el sistema colapsó, gracias al sol enfurecido, y acabó con la energía eléctrica,
no consiguió tener sueños mojados por la noche.

Odioso no paraba de putear:
“Éste calor, ¿hasta cuándo?”
- Hasta que
tu pensamiento
no se engomine más – pensaba yo,
con el zócalo colorido de abajo
que indica: ¡alerta naranja!

“¡Qué calor! ¡Insoportable!”
- Insoportable soportar los balbuceos que proclaman ¡tanto calor!
Malestar por el calor re-transmitido,
por los mosquitos que ya no mueren con el Raid;
y los cascarudos que mean con más olor;
y las cervezas que se calientan con facilidad.

Desértico pueblo arrasado por la gringa avaricia
que acapara el pan en sus silos iluminados por la navidad;
silos que durante la noche gritan y maúllan,
yo los oigo cuando estoy acostado
y me asustan:
(casi siempre tengo miedo).

Se cae el pelo de cientos
sin preguntas:
sólo llantos.

Maldito respeto al Gran Señor.
Él, él sabe que puede (del verbo poder)
y no leyó a Foucault.
Fue magnate de la soja
y la sangre (nada más (y nada menos)).

No se dio cuenta de vender pelucas,
se le escapó ese negociado.








¡Cuánto calor, la puta madre!

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