Es el encierro la forma de incautación del ser, la violencia
enmascarada en socio-seguridad, la mediocridad pedante, la burocracia del alma.
La oscuridad. La posibilidad de admitirlo es la posibilidad de entendernos como
seres infelices, estúpidos y arrogantes. No lo lograremos.
Tengo ganas de pegarle a dios una patada en el orto. Pero en
el infierno de la inacción sólo puedo llorar. (La autoestima necesita estima).
Te gritan desde una esquina: ¡drogadicto!
Y aspiran un toque de azúcar.
Te gritan desde una esquina: ¡enfermo!
Y aspiran otra línea de azúcar.
Te gritan desde una esquina: ¡inadaptado!
Y se miran en su televisor.
Te gritan desde una esquina: ¡psicópata!
Y se suben a su auto.
Veo el espasmo del encerrado en la cárcel de los deseos. Veo el espasmo del encerrado en el mundo tecnológico
incivilizado. Veo el espasmo del doctor. Veo al psiquiatra manejando al
paciente. Veo al psiquiatra cogiendo con el farmacéutico. Veo pastillas. Veo
colores y espasmos.
Veo hamburguesas con grasa. Veo manteca. Veo azúcar
plastificada emanando muerte. Veo azúcar achocolatada. Veo sangre.
Ya no veo.
Ya no siento.
Ya no creo.
Ya no quiero.
Ya no quiero.
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