Me gusta saber que para vos no tengo palabras. Me gusta
saber que por más que intente y me torture, jamás, podré describir semejante desmesura.
Sos una invitación al
futuro; sos la sal, el mar y el pez. Viento que sopla en el fuego cemento,
furia que nace del fondo mismo de la tierra, monte que escapa de la
devastación.
Los límites de mi lenguaje, es decir, de mis pensamientos;
es decir, de mi yo-sujeto, no
conciben la demencial figura de tu cuerpo bajo el sol. No encuentro ninguna
palabra, no encuentro ninguna variación, no encuentro nada; y la nada se
escurre entre el jabón…
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