domingo, 18 de enero de 2015

Mientras me lavaba las manos pensé



Me gusta saber que para vos no tengo palabras. Me gusta saber que por más que intente y me torture, jamás, podré describir semejante desmesura.

Sos una invitación al futuro; sos la sal, el mar y el pez. Viento que sopla en el fuego cemento, furia que nace del fondo mismo de la tierra, monte que escapa de la devastación.


Los límites de mi lenguaje, es decir, de mis pensamientos; es decir, de mi yo-sujeto, no conciben la demencial figura de tu cuerpo bajo el sol. No encuentro ninguna palabra, no encuentro ninguna variación, no encuentro nada; y la nada se escurre entre el jabón…


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