Quiero invitarte
a mi pueblo
y que conozcas dónde caminé
los pasos primeros de la niñez y sus fantasmas.
Que pruebes un mate dulce
tan bien cebado por la Solinda.
Luego, podemos ir a mojar los pies en el arroyo
donde floreció, descarada, la pubertad;
o bien, si lo preferís, salir a recibir
el atardecer entre los eucaliptos y sus loras efervescentes.
Esta vez
(aunque cueste la moral)
o bien, si lo preferís, salir a recibir
el atardecer entre los eucaliptos y sus loras efervescentes.
Esta vez
(aunque cueste la moral)
no lo pienses, no
te quemés la cabeza.
te quemés la cabeza.
Sólo quiero
que nos miremos
un rato,
que nos incomodemos
por la falta de ruidos oportunos,
que riamos cómplices
y nuestras entrañas
quieran salir de adentro
y abrazarse estoicamente. Te
propongo
propongo
ver (acurrucados como lombrices)
Hiroshima Mon Amour
en la cama de una plaza.
Oliéndonos.
Sintiéndonos.
Que hagamos el amor cuatro,
siete,
¿qué digo siete?
¿qué digo siete?
¡diez veces! en el transcurso
de la película y
los actores principales
sientan envidia de nuestra caótica
escena de-descontrol. Que
[transpiremos
[transpiremos
nos pegotiemos
nos estropiemos
mientras
el humo
se eleva
y nuestros cuerpos
se desean
fugaces y eternos;
rugiendo des-enfrenados, dejando a un lado,
por única vez
[y para siempre
el
peso
del Tiempo
de la Vida
y el Silencio.

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