Es mágico sentirse comprendido
cuando es de noche y las estrellas iluminan al compás del canto mitológico de
los grillos. Cuando un grillo canta, estoy en calma: acompañado.
Luego tengo que escuchar,
simulando atenta atención, a mis pares
diciendo: “Yo, a los grillos, los cago matando; no me dejan dormir en paz”.
Entonces recapacito en esto:
a mí, sus gritos incongruentes que no dicen nada, no me dejan vivir en paz. Me
pregunto: ¿Debería matarlos a todos?
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