miércoles, 29 de abril de 2015

El Hospicio /1

Entonces Colque me dijo:

-          - La cabeza se me descontrola y maneja mi cuerpo. Tengo algo ahí – señalándose con el índice la cien, como esperando darse un disparo –, y repitió: entra a mi cuerpo por todos lados; pero no soy malo, yo no soy demoníaco, soy buena persona. 
Antes era gordito, pero ahora la cabeza no me deja comer. Piensa, piensa, piensa. Nada más piensa.

-         -  ¿Qué te pasa Colque? ¿Por qué no pensás en cosas buenas?

- Escuchame a mí, dejame hablar - Levantó la voz, mientras una baba caía de su boca, acompañada de un poco de choripán: ¡No quiero pensar en el suicidio!

-          - ¿Qué suicidio?, murmuré con vergüenza.

-          - ¿Acaso vos no ves?

-         -  ¿Qué cosa? Le pregunté, confundido.


Me miró a los ojos. Me miró con sus ojos repletos de soledad. Con sus pupilas colmadas de pastillas, de recetarios, de psiquiatras, y psicólogos, y represiones. Con su mano que tirita. Me miró a los ojos como gritando. Como reventándome la cara a trompadas. Como revoleando un último suplicio. Como deseando libertad, vuelo, llanto, abrazo, suspiro. Me miró a los ojos y susurró:


-          - Yo no soy una mala persona.


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