domingo, 7 de junio de 2015
la primera seca
ayer fumé porro por primera vez
con mi papá
(a escondidas, en la barra del bar)
y por primera vez
le expliqué cómo tenía que fumarlo.
una seca, suave, lenta:
aguantá el humo en el pecho, le dije, señalándole ahí.
aguantó el humo varios segundos.
abrió los ojos grandotes como niño sorprendido por un regalo colorido y me miró.
la tos que provino de aquella histórica seca
fue la que determinó la magnitud de la belleza
de poder encontrarme en libertad con mi viejo.
dejando atrás toda la televisión y todas las mentiras
los prejuicios
los miedos
los orgullos.
estaba colorado el viejo barbudo.
estaba en el viaje aunque no diera cuenta de él.
estaba sumiso en el inframundo de milenarios viajes
e ingresaba de lleno a un nuevo mundo.
yo no podía menos que estallar de felicidad; todo era raro, sonriente, confuso.
todo era nuevo
todo era mágico
todo era loco.
caminamos
la media cuadra que nos separa del bar a la casa en silencio y complicidad divina.
antes de abrir la puerta, medio que me dijo, medio que me suplicó:
"no le digas a tu madre".
mi vieja nos vio entrar y al instante
se dio cuenta de todo.
ella sabe todo:
nos conoce
nos parió.
ella nos ojeó
y no hizo más que preguntarnos
-en un acto de amor que sólo una madre puede brindar-
qué queríamos comer.
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