El invierno provocó muerte:
tiritaban las manos sedientas de paco
allá, en Constitución;
y acá, a la vuelta de mi casa.
El frío se arropó en la piel
que no necesita enfrentar ningún espejo.
Porque su reflejo
se puede ver (con exclusiva primicia) en la atrocidad
o en algún living
con tele-visor.
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